El camino cruza el paso a más de 4.600 metros. Enfrente, la cresta todavía es solo una silueta.
Rebaños de llamas y alpacas pastan el ichu de la puna mientras los pastores cruzan la quebrada.
La luz rasante levanta las franjas: catorce capas de óxidos plegadas y expuestas por la erosión.
Detrás de la cresta se alza el nevado de 6.384 metros, el apu más venerado del sur andino.
Explorar galería